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martes, 22 de marzo de 2016
A veces teje mandalas
Está, como siempre, sentada y esperando algo, pareciera.
Adentro sus partes danzan en infinitas formas. Parece que solo está sin hacer nada, sin embargo la danza la habita y la lleva de viaje.
En este viaje atemporal a veces baila respirando y a veces sus pensamientos saltan como monos de rama en rama.
Dicen, que respirar es el primer y más pequeño movimiento rítmico de nuestro ser.
Aun así, las dudas y los apuros la asaltan en preguntas ¿está bien esto que hago? ¿Debería estar haciendo otra cosa? ¿Debería moverme más?
Y a veces teje mandalas. Mezcla los colores, los combina y los enlaza en formas que emergen por si solas como si también hubieran estado ahí esperando por salir.
¿Quizá es eso no? Dice un pensa-mono- quizá, estoy esperando emerger. Porque no es que no hago nada ¿eh? Hago la comida, cuido a mi hijo, hago las compras, pienso proyectos…
Los pensa-monos, tienen la manía de meterse cuando ella teje mandalas, y cuando esto pasa el baile de su respiración cambia de ritmo.
Ella siente que algo, que aún no tiene forma, ni tiempo, ni espacio, está allí esperando. No, agazapado no –otro pensa-mono- no, no tiene miedo, ni está alerta. Está esperando.
Y en eso el mandala le pide violeta y se enlaza suavemente en una estrella de ocho puntas. Y ahora la respiración se vuelve calma otra vez.
No, ella no sabe qué está esperando. Huele, intuye que el movimiento primordial que comenzó cuando nació está tocando algo de lo esencial después de mucho andar caminos más errantes, más encandilados y menos vibrantes.
Si, ella sabe que esos caminos la trajeron hasta acá.
-Uh, pero dale! Tiene que ser algo importante lo que hagas, que tenga reconocimiento, que te aplaudan por eso y que además ganes plata. Y los pensa-monos saltarines se siguen colando por el mandala.
Ella ya está acostumbrada, sabe que están ahí, atrás de los grandes “deberías” y “tengo que” tan aprendidos en su infancia y adolescencia
Y a veces, solo a veces, ella se da cuenta que necesitan un espacio, ser escuchados y entonces se calman.
-Shh, más despacio chicos; vengan, vengan acá en el amarillo hay un lugar para Uds., tengan mucho cuidado de no enredarse.
La forma que va tomando el hilado la sorprende, el corazón le sonríe al sentido de todas esas partes hechas Uno.
Y así, como su mandala encontró la forma, el espacio que lo habita y los colores con los que vibra, ella teje su forma, su espacio y la música con la que baila.
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